El etarra Jon Anza, quien estuviere recluido durante 20 años por pertenecer a la organización terrorista ETA ha desaparecido misteriosamente. El donostiarra afincado en Francia, en libertad desde 2002, iba a reunirse con altos dirigentes de la formación para entregarles, supuestamente, una elevada cantidad de dinero. Créese que este habría podido ser recaudado mediante el famoso “impuesto revolucionario” y que Anza seguía realizando labores dentro del aparato etarra. La policía lo busca. Y ETA también.
Un asunto curioso que recuerda al entrañable personaje Dionisio Rodríguez “el Dioni” que robó un furgón blindado con 300 millones de pesetas, jugoso botín con el que huyó a Brasil a darse la vida padre. ¿Habrá tenido Jon Anza una tentación similar a la del Dioni y habrá decidido abandonar la organización terrorista por todo lo alto y con honores? Es difícil pensarlo ya que el fanatismo de estos personajes es superlativo y dudo que se hubiese atrevido a pensar semejante barbaridad.
Anza, de 47 años, lleva la mayor parte de su vida en ETA y no hay nada que haga pensar que la abandona, y máxime, que les roba. Nadie sabe donde está, y mientras, Francia, España, y los simpáticos encapuchados lo buscan, los familiares y simpatizantes de ETA se manifiestan augurando un nuevo GAL e inmersos en su risible idiosincrasia. Ojalá este pájaro les haya quitado la saca. Cómo me reiría…







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