Una Princesa en Berlín, de Arthur R.G. Solmssen

24 jun

El novelista y abogado Arthur R.G. Solmssen nos descubre con su más famosa novela un Berlín frío, gris, y ahogado por las revoluciones sociales y políticas, el Tratado de Versailles, y una inflación que abocó a la miseria a millones de alemanes que vieron como sus ahorros, su dinero, su moneda, no tenían valor ninguno. A través de la historia de Peter Ellis, un americano que aprovecha la coyuntura económica de la República de Weimar para instalarse en Berlín, el lector puede llegar a comprender cómo es posible que Alemania degenerara en un Imperio totalitario que venía perfilándose desde noviembre de 1918.

Peter Ellis decide, alentado por su viejo amigo Christoph Keith, a quién salvó la vida en la Primera Guerra Mundial, trasladarse a vivir a Berlín. No era para menos: la situación económica permite a Ellis, con 500 dólares americanos, (100.000 marcos alemanes) vivir desahogadamente y sin apuros. Su relación con Keith, militar retirado, le permite conocer a un sinfín de personalidades del país: desde a la más refinada nobleza prusiana hasta los más altos dirigentes como el ministro Walther Rathenau, pasando por excelsos artistas como el profesor Liebermann. Interesado en la pintura, Ellis estudiará con un discípulo del profesor, Fritz Falke, con quien mantendrá una estrecha relación. Asimismo, mantiene relaciones más estrechas, si cabe, con Bärbel y Baby, la mujer de Frizt y la hermana de éste, respectivamente.

Entre almuerzos con banqueros, lujosas fiestas y concurridas recepciones, amén de las sesiones de pintura y paseos con Lilí, la hija de los Waldstein, familia de banqueros con quienes traba una estrecha relación, discurre la vida de Ellis. Poco a poco, e inevitablemente, éste se ve envuelto en conspiraciones políticas y criminales,de las que finalmente saldrá airoso por su condición de extranjero y por su relación con las más altas esferas de la sociedad berlinesa. A lo largo del relato, queda patente de qué forma vivió Alemania la época de entreguerras. La fuerte caída del reichsmark, la debilidad del Reichsbank para hacer frente a la devaluación, y las agitaciones sociales que desde la izquierda o la derecha más radical reclamaban estabilidad, fueron la tónica dominante y es precisamente lo que Ellis vive con tanta pasión.

Por un lado, la moneda de la República de Weimar sufría constantes devaluaciones, que llegan a ser dos diarias. La cotizacion del dólar frente al marco se medía por la mañana y por la tarde, y esa diferencia, para los alemanes, podía significar el comer o no comer ese día. Los trabajadores cobraban diariamente, de forma que pudiesen comprar por la tarde lo que al cierre de las tiendas ya no alcanzaba a poder pagarse. Las pagas diarias de los asalariados llegaban a viajar en camiones, y el Reichsbank tuvo que subcontratar todas las imprentas de Berlín para que imprimiesen moneda, cuya tinta llega aún húmeda a las manos de los alemanes. A la llegada de Ellis, el marco se cotizaba a 1 dólar 200 marcos; cuándo éste se marcha de la capital de la República, 1 dólar era el equivalente a 4.200.000.000.000 de marcos. (Cuatro billones doscientos mil millones, sí)

La situación económica es realmente deseperada para los alemanes, no así para los extranjeros que tienen divisas: con esa coyuntura, comprar en Alemania con florines holandeses, francos o dólares podía ser toda una ventaja, prácticamente era uno millonario con 100 dólares. Mientas tanto, los aliados presionaban al gobierno alemán para que pagara las indemnizaciones impuestas por el Tratado de Versailles, cuyos efectos eran devastadores para la economía del país, como ya se iba notando. La exigencia era el pago de 32.000.000.000 de marcos-oro, cantidad que, con el Ruhr ocupado, las industrias aún paralizadas por la guerra y la expropiación de la marina mercante, era imposible satisfacer, ni tan siquiera adoptando extremísimas políticas económicas.

Esta situación tan poco alentadora fue caldo de cultivo para la aparición de grupos de ultraderecha y ultraizquierda, la división de la oficialidad prusiana en apoyo o no al Gobierno, y en general, un descontento profundo hacia la República y sus dirigentes, a quienes los alemanes veían incapaces de gobernar la difícil situación.

Mientras el Káiser se exilia en Holanda, Karl Liebknecht establece un sóviet alemán, los socialedemócratas proclaman una república, mientras que el Gobierno de Weimar llama a la Reichswehr para que sofoque las revoluciones, ya que cada una cuenta con el apoyo de diferentes secciones del ejército. El problema era que la Reichswehr no iba a disparar contra ella misma, por lo que las revueltas se fueron disipando poco a poco debido al escaso apoyo popular: el pueblo alemán no era muy amigo de las revoluciones.

Con este panorama no era de extrañar que el odio, el desengaño y el malestar ocuparan los corazones y mentalidades alemanas, quienes canalizaron el hambre y la miseria en forma de odio hacia el colectivo judío. ¿Por qué? Sencillamente, los judíos controlaban la banca, las grandes empresas y los grandes almacenes, no por otra razón sino porque su religión se lo permitía y al mismo tiempo lo elogiaba. Poco a poco pues se perfila un antisemitismo exacerbado, cuyo más convencido ideólogo fue Adolf Hitler, quien en 1923 se hizo con el liderazgo del Partido de los Trabajadores Alemanes. Arthur de Gobineau, Nietzsche, Henry Ford (sí, el de los coches) y Alfred Rosenberg fundamentaron también las bases del antisemitismo que operó en Alemania a partir de 1920.

Esto es exactamente lo que vive el americano en Berlín: una sociedad que reclama soluciones a un Gobierno ahogado por el egoísmo de los aliados, pero también una sociedad fragmentada y compleja, una situación económica nefasta y el nacimiento de una época que en suma, sería la más truculenta y desastrosa de la historia europea, y por qué no, de la historia mundial.

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2 comentarios to “Una Princesa en Berlín, de Arthur R.G. Solmssen”

  1. porfineslunes julio 14, 2008 at 6:45 pm #

    Apasionante.

  2. Yuri Aguilar julio 14, 2008 at 7:29 pm #

    Realmente es un buen libro, a mi me apasionó, refleja a la perfección esa época, y los personajes son únicos.

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