Competencias en Educación, España suspende sin reválida
7 12 2007
Cuando la constitución del 78 dejó las vías abiertas para que estado a estado, autonomía a autonomía, región a región o nacionalidad a nacionalidad caminasen hacia momentos competenciales mayores, ahondando en un federalismo que si bien no de nombre actualmente es casi de hecho, exceptuando cuestiones como la fiscal, una de las atribuciones que no dejó claro a quien competían fue la de la educación. No es una cuestión que competa exclusivamente al Estado Central (por llamarlo de alguna forma), es decir que según la Constitución no es una cuestión atribuida al Estado, tampoco es una cuestión explícita que pueda ser derivada en atribuciones autonómicas.
Entonces ¿A quien competen las materias en legislación y control de la educación en España? Pues se entiende que el dictamen de leyes que deban aplicarse a nivel estatal nacional compete al Estado Central, al mal llamado Gobierno de la Nación , pero la aplicación y control de esa legislación puede ser asumido por las diferentes autonomías que existen en España. Es decir, un verdadero caos.
Pese a que las autonomías puedan haber reclamado esta competencialidad, uno de los grandes problemas de esta España Inacabada, es que muchas autonomías tienen competencias auto-atribuidas o solicitadas o delegadas, pero la más importante de ellas, la que realmente sirve para desarrollar esas competencias iniciales no ha sido delegada, por desconfianza del Gobierno Central (sea del color que sea), hablamos como no de las competencias relativas en materia fiscal y recaudatoria. Pero esto es un tema a abordar en otros capítulos.
A lo que íbamos, según los últimos resultados del informe PISA que sitúa a España en el trigésimo cuarto lugar del ranking de países, los jóvenes españoles son bastante malos en lectura y compresión, normales en ciencias, etc… ¿Eso debería ser un problema? Lo sería si uniformemente los resultados obtenidos reflejasen una realidad, válgame la redundancia, uniforme. La solución sería fomentar políticas públicas en educación aplicables de forma uniforme a todo el Estado. Pero es que los resultados obtenidos, demuestran que España adolece de un caos educacional ingente. Si contásemos tan sólo los resultados obtenidos por las autonomías del norte de España nos situaríamos en torno al cuatro puesto a nivel general del ranking de países que forman parte de este estudio. Si contásemos tan sólo los resultados obtenidos por las autonomías del sur de España nos situaríamos aún más a la cola de los países que conforman el ranking de este estudio. Con lo cual, la nefasta media estadística nos deja más o menos bien parados con un nefasto resultado de suspenso mediocre en trigésimo cuarto lugar.
Posibles soluciones, ya os dije en un principio que jamás daría soluciones definitivas, porque no las se, no las puedo aplicar y no se lo válidas que resultarían en la realidad, por lo que aquí hablamos siempre de quimeras, bien intencionadas, si, pero quimeras al fin y al cabo. Retornar las competencias en educación de forma plena al Estado Central, que se ocupe de aprobar leyes, aplicarlas y controlarlas, ya que teniendo a su disposición también la hacienda pública, el nivel de endeudamiento de las autonomías al respecto de políticas públicas infructuosas a nivel educacional disminuiría. ¿Esto supondría un paso atrás en la descentralización y federalización de España? No lo creo, puesto que la actual descentralización a nivel educacional es una falacia absurda e infructuosa. La educación es uno de los derechos que deberían ser preservados y cuidados con mimo, uno de los actualmente más abandonados, junto con el acceso a una vivienda digna y sin embargo por problemas competenciales es uno de los derechos (y obligaciones por parte del Estado de Bienestar) más abandonados.
Otro tema sería el que me comentó Miguel Ortega ayer hablando por Skype, que es la pérdida de autoridad del profesor frente al alumno. Pero este hecho obedece más a causas morales e inoculadas en nuestra sociedad durante bastante tiempo, que a problema real y competencial. Durante bastante tiempo los padres se han dedicado a relegar al educador la figura de la educación, cuando la educación no nos engañemos es algo que se enseña en casa, los profesores son culturizadores, es decir se encargan de dotar a nuestros hijos de las herramientas básicas que les confieran una base de cultura general mínima y básica para ser personas cabales con perspectivas de futuro. Los padres son los que confieren a sus hijos de la educación, del saber comportarse ¿Cómo se puede por parte de la familia actual relegar la educación a los profesores y luego impedirles que les exijan a esos niños un mínimo de educación para con ellos y el resto de la clase? ¿Cómo podemos esperar que los niños respondan con educación a sus maestros y los tomen por figuras de autoridad cuando nosotros mismos los desautorizamos en público y delante de ellos, siendo que los niños a ciertas edades son monos de feria que repiten lo que ven en sus patrones y modelos, es decir sus padres? Esta cuestión, que no es baladí, resulta a priori mucho más complicada y ardua que la cuestión competencial.




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