La Francia que "se" nos viene

3 12 2007

El pasado día prometía una reflexión, una somera puesta en medio claro o claro oscuro, de los hechos que actualmente ocurren en las poblaciones limítrofes de París. Para poder explicar de forma llana, sin entrar en profundas reflexiones sociales o politológicas ya que para ello se pueden encontrar webs y textos de autores mucho más reputados que un servidor, estos hechos intentaremos aclarar ciertos conceptos relativos a los hechos que acontecen.

 


Para entender los hechos en su totalidad y complejidad, hay que hablar en un principio de los modelos de integración social y cultural. ¿Y qué es esto? Pues se trata de políticas sociales que se toman a nivel estatal, regional o local y que pretenden la gestión de las diversas identidades que conforman un país. Esto es, medidas que pretenden gestionar las diferentes culturas que conviven, se conllevan, en un país. Es una tarea ardua, puesto que los dos modelos mayoritarios, han demostrado con creces que no son válidos y crean a su vez revulsivos sociales que desembocan en pequeñas manifestaciones sociales de gran alcance, algo así en materia armamentística como las nefastas bombas/minas de racimo.

 

Actualmente los dos modelos mayoritarios son el francés y el inglés. El segundo de ellos pretende una permisividad total ante las diversas manifestaciones sociales y culturales (entendiendo la religión como parte de esa cultura), se permite el acceso a la escuela donde el idioma primordial durante los primeros años de escolarización no es el inglés, sino el autóctono de la cultura inmigrante en cuestión, se permite que el día nacional de fiesta no sea el inglés sino el que corresponda a la manifestación cultural/religiosa atinente y un largo etc de cuestiones más culturales que sociales, puesto que los intentos de eliminación de ghettos y de integración de esas minorías en el mercado del trabajo son casi inexistentes. Los atentados perpetrados por las minorías religiosas inglesas que no se consideraban inglesas hace escasos veranos demuestran que tal modelo ha fracasado en su totalidad. El primer modelo, el francés, el que nos atañe directamente, pretende que la identidad cultural y social sea única, sea la de la patria, la del Estado. Que primero se asuma la identidad del país, la identidad francesa, para posterior respeto de las identidades unitarias y particulares en la intimidad del hogar por parte del Estado. A los hechos me remito, ha resultado un tremendo fracaso por partida no doble, cuádruple.

 

Los hechos acaecidos el 27 de octubre del año 95 en Francia, demuestran que el modelo de integración había sido totalmente erróneo y plan planificado y puesto en ejecución. Años y años de neoliberalismo de mercado, de entender que la política de un país tan sólo se debía a los resultados y aspiraciones económicas del mismo, se toparon de bruces con un hecho que no estaba previsto en las agendas de ningún político europeo y menos que ninguno de los políticos del país de las revoluciones, de la libertad de la fraternidad e igualdad. Se sucedió una avalancha de manifestaciones sociales de quema de vehículos, ataques a instituciones, perpetradas por un grupo de jóvenes que pese a la nacionalidad que marcaba su pasaporte, no se sentían parte del país que les había visto nacer, inmigrantes de los llamados de segunda o tercera generación que pese haber sido educados en los valores franceses no se sentían franceses ya que la propia sociedad por apellidarse o ser físicamente diferentes a la mayoría de población francesa los marginaba, pese a ser franceses “de pura cepa”. Estos hechos de exclusión se veían agravados en el momento que personal intelectualmente formadas, con carrera profesional, demostrable, y válidas para el desempeño de las funciones que les vienen atribuidas por sus estudios universitarios no encontraban trabajo por, precisamente, llamarse de una forma concreta o ser físicamente distintos. No entraremos a evaluar aquí la nula predisposición estatal para propiciar la integración de los ghettos en la vida social, cultural, política etc del resto del Estado.

 

Estos hechos o revueltas se vieron agravadas por las declaraciones del por aquél entonces Primer Ministro Sarkozy (actualmente presidente de la República Francesa), quien tachó de chusma a todos aquellos jóvenes disconformes que atentaban contra el Estado del Bienestar, ilusorio estado este que les excluía totalmente del bienestar que preconizaba. Ojo que no pretendo justificar la quema indiscriminada de vehículos y daños a las propiedades privadas de terceros.

 

Actualmente la situación no ha variado en lo sustancial, estas minorías sociales y culturales se siguen sintiendo en gran medida desfavorecidas, excluidas y basta cualquier chispa por pequeña que sea para incendiar un cúmulo de sentimientos enfrentados que desembocan en nuevos disturbios, quemas y daños varios. Esta situación ha venido de la mano del accidente entre dos jóvenes motorizados y un coche de la policía francesa, accidente que ha sido interpretado como un crimen xenófobo por unos y como un ataque vandálico e indiscriminado por otros. Videos y declaraciones posteriores han venido a demostrar que ni una cosa ni otra, desafortunado accidente ocasionado por una imprudencia temeraria por parte de las fuerzas del Estado, que ha devenido en acciones extremas por la parte que se sentía ultrajada, excluida, apartada y privada de ese Bienestar que preconiza el Estado que les ha visto nacer y que les autodenomina como hijos de Francia, así pues ciudadanos de pleno derecho.

 

¿Por qué hablaba de fracasos cuádruples anteriormente? Porque los incidentes multiculturales o de falta de integración, han propiciado un sentimiento anti-inmigración, un sentimiento en cierta forma xenófobo, de miedo al inmigrante, que propicia el auge de movimientos fascistas o ultra derechistas que pretenden acabar con los derechos para cualquier ciudadano que provenga de las antiguas colonias o que sea simplemente inmigrante o hijo de inmigrante. La ironía de la situación es que este auge viene propiciado por el propio rechazo implícito de la sociedad, un rechazo casi genético a lo diferente a lo extraño.

 

Así pues, sentarnos a debatir posibles, futuribles políticas sociales que pretendan gestionar la integración, que pongan a debate el modelo que sería aplicable en cada caso es básicamente infructuoso, ya que la iniciativa no parte por integrarlos a los ciudadanos que en parte hemos excluido del bienestar de nuestro Estado y en parte se han agrupado en zonas concretas y han prescindido de la posible integración que tal hiciese que la sociedad no les mirase con ojos ajenos, la iniciativa parte de educar a la sociedad en que los ciudadanos somos todos, provengamos de donde provengamos y que como tales tenemos los mismos derechos y obligaciones.

 

¿Cuál es el por qué de este análisis? El porque de este breve y conciso análisis, viene dado por el hecho de que en Cataluña, una de las regiones, autonomías, semi-estados que forman parte de esta España semi-federalista (un debate en el que también entraré alguno de estos días), con más inmigración o asentamiento de población inmigrante, se está aplicando el modelo francés de integración. Siendo que actualmente estamos en una posición privilegiada ya que la inmigración, uno de los problemas (o ventajas) de este mundo globalizado, es algo incipiente en nuestro país todavía ¿no podríamos desarrollar nuestros propios modelos de integración que asuman el carácter especial que tiene nuestro país y que prevean las situaciones que se han dado en otros países de Europa más avezados en estas lídes? La respuesta queda pendiente.


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